
Esta va a ser una de las entradas del blog más difíciles de escribir. Es casi imposible describir una ciudad como Rio de Janeiro. Todos hemos visto fotos, vídeos, nos han hablado de ella: Copacabana, Cristo del Corcovado, Pan de azúcar… Pero Rio es mucho más. Por muchas descripciones o detalles que pueda dar, siempre me quedaré corto. Sólo cuando la visitas te das cuenta. Pero intentaré contar lo mejor que pueda mi experiencia para intentar que viajéis conmigo.

4 días. Sólo 4 días estuvimos allí. Y sé que me dejé mucho por ver. Pero también sé que tarde o temprano volveré. Porque me enamoré de Rio.

Cuando llegas al aeropuerto, vas con miedo. Todo el mundo te ha dicho que es una ciudad peligrosa. Todas las precauciones son pocas: que si lleves el dinero escondido, que si no saques tu móvil por la calle, que si no lleves nada cuando vayas a la playa de Copacabana, y así un largo etcétera… Al principio sigues todos al pie de la letra. Al final, es como cualquier otra gran ciudad. Precaución y sentido común bastan.
Así que con estos miedos llegamos al aeropuerto, cogimos un taxi, llegamos al albergue, una pequeña compra, un pequeño paseo por Copa y a dormir, que estamos reventados de viaje.
Día 1. Cristo del Corcovado.







Al llegar arriba, si quieres entrar a ver el Cristo, tienes que pagar: 12R$ en temporada baja, unos 4€ (el doble si vas en temporada alta), pero merecen la pena. Aunque arriba está abarrotado de gente, es bastante impresionante. Como curiosidad (y casualidad) el Cristo fue diseñado por Landowski, artista francés cuyo taller se situaba en Boulogne-Billancourt (lugar de mi antigua residencia en París). ¡Que pequeño es el mundo!









Decidimos emprender la bajada juntos, a través de las vías del trenecito que sube y baja al Cristo, pero a mitad de camino nos dividimos. Las chicas querían seguir por el mismo camino de subida, Harry, Pedro y yo seguiríamos por las vías. Pudimos echar un ojo al centro de visitantes del Parque Natural de Tijuca (donde se encuentra el Cristo) y un amigo de Pedro nos recogió en su taxi y nos llevó a un mirador






El día amaneció un poco nublado, así que aprovechamos para hacer turismo más «clásico»: iglesias, monasterio de Sao Bento, Teatro (que imita a la Ópera de París), Biblioteca Nacional, Catedral (la más extraña que he visto nunca) y probar algún producto brasileño.






Por la tarde, visitamos los barrios de Lapa, donde se encuentras los Arcos y la escalera de Selaron y probamos los famosos Sucos (zumos en español). ¡Tienen de todos los sabores!













Recorrimos el barrio de Santa Teresa, donde hay bares y rincones muy bonitos (el Montmartre brasileño lo llaman), hicimos unas parada en el bar de Gomes, el cual nos costó encontrar, ya que todo el mundo lo conoce así, pero… ¡el bar tiene otro nombre! Para terminar el día, tomamos una hamburguesa en un bar alemán (Mike’s place) ¡Riquísima!


Bueno ya veo las maravillas que estáis viendo. Espero que todo siga así de bien.
Me encanta cómo lo explicas todo.👏👏👏👏👏
Seguir disfrutando y acuérdate de tu mamá.
Muchos saludos !!
Yo me he suscrito para seguir tu aventura !!
Me entretiene mucho leer tu increíble experiencia !!!
Un besazo de parte de la Chiqui !!!